¿Por qué, aunque haga buen tiempo, nos quejamos del tiempo?

¿Por qué aunque haga buen tiempo nos quejamos del tiempo sukhena coaching mindfulness

 

La semana pasada tuve dos horas libres y coincidió que hacía 30ºC, el sol estaba radiante y era mediodía, así que aproveché para bajar un rato a la playa. Debido a que nos encontrábamos en agosto, y Donostia se pone hasta la bandera por esas fechas, la playa estaba bastante concurrida, con lo que fue unos de esos días en los que, si te has olvidado los auriculares para escuchar música, participas de manera pasiva, aunque intentes evitarlo, en las conversaciones de las toallas colindantes.

En esta ocasión, fui testigo de una conversación que me hizo reflexionar a cerca de la necesidad de quejarnos que tenemos las personas.

La conversación fue protagonizada por una madre de unos 40 años que estaba con su hijo de 6 años, mientras estaban jugando, riendo y echándose agua con una pistola, algo que la madre aprovechaba para refrescarse, apareció una amiga de ésta contándole que se iba a hacer un viaje sola, de mochilera, a la aventura. A lo que mi vecina de toalla exclamó en alto: “¡Qué envidia! Yo también me iría de aventura, pero “como está mi hijo, cada barco tenemos que aguantar nuestra vela”.

Al rato, el tema de conversación cambió, hablaron de lo morena que estaba la una o la blanca que estaba la otra. Y mi vecina volvió a exclamar: “¡Con el mal tiempo que está haciendo todos los días, así estoy de blanca! ¡Da mala gana, menos mal que en dos semanas me voy a Tenerife. Espero que allí no llueva!”

De aquí surge mi reflexión: si estás en la playa tomando el sol y divirtiéndote, ¿por qué te quejas del tiempo que ha hecho? Y ¿por qué tienes miedo de si en el futuro hará mal tiempo, sin disfrutar el buen sol del día de hoy? Me surge la duda de si, independientemente del momento en que se está viviendo, la queja puede ser un modo de vida, o por el contrario, lleva algún otro factor asociado que se me escapa.

Las expectativas que tenemos en la vida, en ocasiones, no son realistas y esto nos provoca decepción, que la demostramos con una queja. Pero, ¿qué beneficio obtenemos con esta queja? ¿Y si no nos quejáramos?

El deseo de lo que el otro tiene y yo no tengo, también es un motivo para refunfuñar. Nos da envidia la vida del vecino, mientras dejamos de observar nuestras oportunidades de ser felices en el presente.

Pero como la queja es algo que, a priori, no gusta a nadie, te propongo dos ejercicios:

1- Vivir la vida como si nunca hubieras visto eso que tienes delante. Intenta descubrir  cada situación y a cada persona como si no la conocieras de antes, preguntándole sus gustos, sus necesidades, sus añoranzas, sus sueños. Siéntete como un niño que siente curiosidad por lo que tiene enfrente de él.

2- No te enjuicies ni te compares. Simplemente pregúntate: ¿qué puedo hacer para cambiar esto que no me gusta de mi vida?

Bienvenido al mundo de la aceptación y de la sonrisa.